Por Esto: Javier

2 de diciembre de 2009

Por Alfredo Rodríguez

Transcurre la mañana, asisto desde el cuarto contiguo al de Girma, a audiciones de música, advierto comentarios, anécdotas. Ha pasado la hora de Los Latinos los de Estela Raval, los cinco grandes; “Sólo tú, y solamente tú”, posesibidad repleta de inmenso amor; “cuando el sol enamorado la luna ve”, ahí está “la hora del crepúsculo”, cantada en sus orígenes por los fabulosos “Platters”; así bebiendo bueno, llega José Tejedor, amigo entrañable, rey de victrolas, conectador de pueblo, “porque tu amor es mi espina, por las cuatro esquinas hablan de los dos”, firma otro grande de México, el Rubén Fuentes de la “Vickina”; pasan la identificación de la emisora y anuncia el conductor por debajo de la bella “Sombras” que, llega la hora de Javier Solís.

Girma sintoniza bien el dial y sube un poquito, ahí está “mi amigo organillero”.
Gabriel Siria Levasio fue poseedor de una de las voces más cálidas y de uno de los timbres más hermosos que he oído en mi vida. “Tacubaya” no dejó nada para nadie. “Payaso, soy un triste payaso, ante el mundo estoy riendo y dentro de mi pecho, mi corazón sufriendo”; Javier, lavador de autos; ¿sabes cuántas penas lavaste y cuántos ojos humedeciste con tu brotar de sentimientos? La fría Garibaldi, donde tantas noches he pasado años después, me contaron de ti, una tarde una disfonía amenazaba con no dejarme entonar en los ochenta, allá, en el desaparecido “Hotel del Prado”, el empresario que me había llevado a México me condujo hasta el hasta el consultorio de un médico otorrino y foniatra muy afamado, y al llegar a su despacho te vi, Javier, enmarcado en un cuadro, pregunté solícito y el galeno me explicó que habías sido su paciente.

Entre anécdotas tuyas, enjuagues nasales, inyecciones endovenosas y calores, transcurrieron horas y sé que, además de la ayuda médica, las historias que sobre ti me hizo el facultativo, ayudaron a que a las 11 en punto de la noche este cantor estuviera “de paquete” y cantara en aquel bello recinto, que guardaba celoso aquel mural extraordinario del Diego de México y de América, del Diego de Frida, de Don Diego Rivera.
Cuentan que fuiste tímido con las mujeres por tu origen humilde que quisiste ocultar, a muchos en momentos de nuestras vidas nos ha sucedido, pero Javier querido: ¿Cómo superarte? Cinco veces firmaste siete papeles y te sobrevivieron nueve hijos, pareces contestarme con aquella canción por la que mereciste el primer disco de platino en 1957; sonríes y me sueltas: “¿Qué te importa?”.

Fuiste amante admirador de aquel “Pedro de pueblo”, del gran Infante, ¿quién escapó en América de su embrujo? Quién no quiso subirse a una moto?, ¿Quién no susurró al oído de una linda: “si te vienen a contar cositas malas de mí….”; pasados los años, una tarde al lado de Valdés Leal, tu aconsejador y amigo, quedándote con Pedro, encontraste definitivamente a Javier, y surgió el máximo comunicador del bolero ranchero de todos los tiempos, “Amorcito corazón yo tengo tentación de un beso”; la comunicación esa mágica, perfecta, te salías de la vellonera y de las ondas, para cantarnos a cada quien.

Tu media voz se descolgaba sin desafinar, ni cromar siquiera. Justo a la Beltrán a Aguilar y a muchos más, hiciste cine, mucho cine, tanto como treinta y tantas películas, tuviste facultades naturales, muy espontáneas para la actuación. Hoy día te imitan los que se dedican a las imitaciones y cientos, miles de los que tienen carrera hecha y los que comienzan no pueden desprenderse de tu querer tan bien cantar.

Javier de idilio; me cuenta Mario, allá, entre tanda y tanda de fisiculturismo por Itzimná, que tuvo gusto en conocerte y ver cómo las “viejas” se desprendían de sus íntimas prendas y las lanzaban hacia ti, ¡ay Alvaro Carrillo” ese es el mejor sabor; el sabor de ellas.
Síguenos dejándonos aquel “me recordarás, me recordarás, porque te he querido”, ese sentido, no de machismo, pero sí de hombre, déjanos seguir saboreándolo desde tu decir.
Javier, muchas veces como tú, he cantado aquello de: “Ayúdame Dios mío, ayúdame a olvidarla”, otras junto a Paco y a ti, le he susurrado al oído: “cuando te haga falta una ilusión, háblame” en diferentes ocasiones fui de la mano de “Renunciación”, para contarle que: “yo siempre fui lo que soy, jamás te diré mentiras”, tú, Javier grande, desde tu “Tacubaya” querida, nos sigues dejando saber que muchos de los que andamos por momentos somos payasos perdidos en la penumbra de la noche, con risas y con llantos.


Publicado el 01.12.2009 en el periódico Por Esto! (Mérida, Yucatán, México)

Solís en el Registro Civil

13 de octubre de 2009

A saber cuántas veces habrá estado o tenido que estar nuestro Javier en tal recinto, por supuesto en la persona de Gabriel Siria Levario. Como todos, al menos dos veces su nombre tiene que registrarse en las actas: al nacer y al morir. Pues bien, como parte de los 150 años del Registro Civil en el Distrito Federal, México, se montó (del 11 al 25 de agosto) una exposición en la sede del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) con el título de "Tesoros del Registro Civil". Yo le hubiera puesto más bien "tesoros y anécdotas", pues ya consultando un poco el contenido de la exposición uno repara en algunos documentos que distan mucho de ser tesoros y se quedan más bien para el anecdotario. Como fuere, hubo un documento de interés para nosotros los javieristas de hueso y médula: el acta de defunción de Gabriel Siria Levario.

El documento aún puede consultarse en el museo virtual del Registro Civil del DF (aquí la liga: http://www.rcivil.df.gob.mx/museo.html). Ahí mero en la primera página se tiene listado a Javier Solís y puede verse la mentada acta en original. Un, pues, muy particular tesoro.


Nótese dos datos en particular: 1) que Valentín Levario, el tío, queda anotado como padre y con el apellido Siria, y 2) la soltería del finado. ¿Por qué? Sólo el señor Juan Vega lo sabe.

Sea pues, queda aquí la constancia. Gracias mil al siempre tan atento Wilson Quintero Quintana por el aviso. Por aquí nos vemos y leemos.

¡Qué va!

Los ecos europeos de Solís

4 de septiembre de 2009

En los últimos años de carrera de Javier se incluyeron los llamados covers, sobre todo, de versiones originales en italiano. Anteriormente mencionamos el Dio, como ti amo (1966) de Domenico Modugno en voz de la siempre bella Gigliola Cinquetti (quien con su interpretación ganó el Festival de San Remo de 1966). Pues bien, además de esta canción hay una más que podríamos llamar como las conexiones de Javier con la canción popular europea. "Ecos europeos javieristas", si se quiere.

Esto es, que Dio, como ti amo y Al di la (de Luciano Tajoli) tuvieron origen en aquello que desde 1956 busca ser (o lo es de hecho para algunos) la referencia primera y mejor de la canción popular europea: Festival de la Canción de Eurovisión. Así, en 1961 Betty Curtis interpreta el Al di la de Tajoli (y se queda con un 5° lugar de la tabla), y en 1966 el propio Modugno interpreta su canción (quedando, sea dicho, en último lugar de la tabla; por cierto, en ese año también está en la competencia un jovencísimo Rafael cantando Yo soy aquél, y quedando en séptimo lugar).

Javier se da a la tarea, pues, de reinterpretar ese par de participaciones italianas del mentado cancionero europeo. Nos regala así: Más allá y Dios, como te amo. La primera se incluye en el LP «Boleros, boleros, boleros» (1963) y la segunda en acaso su último LP grabado, «Con Orquesta» (1966). Y sí, Más allá es una canción con acompañamiento de mariachi y Dios..., tal cual, con orquesta. Ambas canciones guardan la sana distancia con sus originales. Es decir, al escucharlas y conocer la existencia de las otras se sabe enseguida que hay un paralelismo; sin embargo, y aquí la valía de Javier, hay de por medio una lectura distinta —mejor— de cada una de las respectivas letras.

Valiéndose únicamente de su voz (pues el acompañamiento musical es siempre constante, por no decir monótono), Solís va imprimiendo poco a poco y de manera justa y serena esa celebración que ambas canciones buscan ser. No hay gritos ni entonaciones forzadas (o divorciadas de la letra y su intención); Javier siempre sigue el discurso de la canción y lo puntualiza y contiene de manera óptima. No se desborda: va arruyando cada pasaje. Es más, tómese como ejemplo esa parte final de Más allá, donde en lugar de recurrir al lugar común al mencionar (cantar) "más allá de la muerte/ estás tú más allá, más allá del final", y hacer una típica y esperada elevación del tono y/o volumen, mejor cierra y se va a acompañando al coro final. Así sin más. Sencillamente elegante. E igual con Dios..., una letanía que en todo momento va dotada del acento y énfasis perfectos. Su parte final también es una muestra de la maestría de Javier para entender las canciones, sumada por supuesto a su arte de cantarlas. Todo Solís.

Queda así esta revisión de la relación entre Javier Solís y Eurovisión. Sin duda alguna, Javier pudo y supo estar, a su manera, en la escena mundial musical. Como pocos. ¡Qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

Las lunas de Javier

20 de julio de 2009

Seis son las canciones donde Solís alcanza la luna. Ésa que hoy hace 40 años fue caminada por el hombre en los pies de Armstrong y Aldrin. Solís hizo lo propio, caminó en cada una de sus cuatro letras y, ya les digo, seis veces alunizó. Lo hizo de varias maneras: alegre, taurino, bohemio, poeta, matemático y, por supuesto, netamente ranchero. Seis son pues los compositores que en voz de Solís pudieron obtener esa claridad que la luna les, y nos, suele brindar e hipnotizar. Es decir, una combinación perfecta: la inspiración, la luna y la voz.

Tomando los años en que las respectivas grabaciones salieron al mercado, ésta es la particular ruta de Javier en su viaje a la luna, a sus lunas:
i) Al claro de luna se incluye en el disco «Llorarás, llorarás» (1959), su versión original es en italiano (Al chiar di luna, de Rossi Testa) y Solís se encarga (con la ayuda de Mario Molina Montes, quien da la letra en español) de reconcebir aquella primera versión de Bob Azzam, llegando a una donde entre las cuerdas de los mariachis y coros femeninos, la complicidad requerida (de la "novia del ancho mar") es hecha patente bajo la claridad de aquella entrañable voz media;
ii) Luis Demetrio, por su parte, escribe Tres Lunas y se incluye en el disco «Javier Solís con acompañamiento de mariachi DCA180» (1960), un conteo preciso de los menesteres del abandono y del malquerer, e incluso del fatídico final que le espera a aquella a quien Solís, por honor, dulcemente mataría;
iii) Luna, luna es literalmente un poema doble, primero por la pluma de Agustín Lara y segundo por el canto de Javier, una historia de amor cadenciosa incluída en el disco «JS interpreta a Lara» (1963), y que, sí, nos hace soñar y logra doblemente hacer brillar a aquella nuestra esfera de papel;
iv) tres años después (y a tres del Apollo 11), Luz de Luna se incluye en «Y todavía te quiero» (1966), Álvaro Carrillo y Javier Solís hacen mancuerna como pocas, y en la playa de la farra y del dolor brindan a la bohemia una razón "plenilunada", azul como ninguna;
v) también en el mismo año se graba el disco «Vida de bohemio» (1966) en el que Solís parte plaza con La luna y el toro, de A. Sarmiento y C. Castellanos, enamorando al astado y peinando con elegancia y porte cada nota de ese musical coqueteo taurino, despliega su capote lentamente y alarga pases sin premura y con total arte;
vi) José Alfredo Jiménez concluye esta odisea con su Serenata sin luna (editada en 1974 en «Dos ídolos que se fueron»), dejando a Javier la tarea de mostrarse sin más luz que la emanada de su garganta, la protagonista no es ya la luna sino la serenata misma, ese canto al amor que un hombre procura dar con o sin lindos cielos, y Solís lo hace y nos canta y se nos entrega, y encuentra el modo preciso para decirnos con pasión que es un esclavo (y amo) de la canción.

Hoy día hace 40 años el hombre se mostró amo y esclavo del Universo, la Luna fue su fin y medio... acaso como Solís y sus lunas. ¡Qué va!

Por aquí nos vemos y leemos.

El Gualas y el Coque

14 de julio de 2009

Ya les digo, selectos lectores, no es fácil esto de estar al pendiente de lo que se hace con, para y/o por la voz de Javier. Esta vez el turno lo tomaron dos viejos conocidos del espectáculo mexicano: Gualberto Castro y Jorge Muñiz. El primero resulta ser primo de Gabriel Siria Levario y el segundo hijo de Marco Antonio Muñiz. Al primero se le conoce por el Gualas y al segundo por el Coque. Aquél es un conocido cantante que como tal ha llevado su carrera artística, amén de sus participaciones como conductor y comediante de TV; el otro es más bien conocido como comediante, imitador y conductor de la TV, y de vez en vez le da por cantar... como ahora en este su más reciente trabajo discográfico: «Serenata Vol.2 Desvelo de Amor».

Resulta que después del, dicen, éxito de «Serenata Vol.1» (así, sin subtítulo), Coque repitió la fórmula (del éxito, naturalmente) y ahora hace dueto con, entre otros, Gualas para entregar su versión de tres clásicos del repertorio javierista, a saber: Sombras, Llorarás, llorarás y Entrega total. Es pues el dueto Gualas-Coque quien da cabida a Solís en este mentado desvelo de amor.

Pues bien, mejor hubiera sido que siguieran dormidos y que, una de dos, prescindieran de la voz de Coque y dejaran (un solito, un solito) al Gualas lidiar con semejantes clásicos, o bien, escogieran otros temas más sencillos para la pobre voz del anfitrión. Querer emular a Solís en aquella su media voz es simplemente tirarse al abismo, cuantimás si, por si fuera poco el pecado, se quieren hacer los mismos cambios que en Javier eran más bien suaves e imperceptibles transiciones. La penitencia resultó de cinco minutos. El Coque no da en ningún momento el ancho y ni con la participación del Gualas se logra un popurrí de aceptables condiciones. Qué diferencia a aquél, por ejemplo, del ínclito Pirulí. Entre Gualas y el Coque no hay comunión alguna, ya no se diga con Solís: ni siquiera entre ellos (incluso parece que el audio de las voces de cada uno se mezcló sin más arte que la tecnología disponible). Luego, de los arreglos musicales, a lo más podemos decir que están a la altura... de un dueto de aficionados, es decir, que suenan a karaoke. Si alguno de ustedes, sufrientes lectores, encuentra algún detalle que aplaudir, adelante, soy todo oídos. Aquí el video de una presentación en vivo, donde sólo cantan Sombras y Entrega total, además de la sesuda justificación para la inclusión del popurrí (i.e., que Gualas es primo de Javier):



Mientras tanto, no queda sino seguir a la espera de algún recuerdo, homenaje, celebración, etc., a la altura de Solís. Ya les digo, no es fácil, pues en la tarea uno se lleva estos desencuentros. Próximamente, aviso, un recuento de aquella producción que demostró que Javier sigue vigente y que el mal gusto del negocio musical, también.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Las rejas no matan

19 de junio de 2009

Hoy día se cumplen 14 años de su muerte. Un ícono de la música mexicana que, curiosamente, en la voz de Solís sólo se hizo escuchar de una sola manera. Tomás Méndez Sosa (1926 - 1995) dejó ciertamente una estela de composiciones que le garantizaron un especial lugar junto a otros grandes de la talla de un, por ejemplo, José Alfredo Jiménez. Lola Beltrán fue, se sabe, su cómplice de cabecera y con ella su inspiración alcanzó, tal cual, la inmortalidad. En sí, Tomás Méndez fue referente constante para aquellos protagonistas de la canción ranchera, v.gr., Pedro Infante, Amalia Mendoza, Aceves Mejía y Lucha Villa. Nuestro Solís, lo dicho, sólo grabó una de sus canciones... y con ello bastó para que ésta tenga un particular espacio en la historia musical de ambos artistas.

Las rejas no matan es no sólo una clásica dentro del repertorio musical ranchero sino también del cancionero popular mexicano. Es por supuesto una clásica de clásicas para nosotros los seguidores de Javier... «Auroras que son puñaladas/ Las rejas no matan/ Pero sí tu maldito querer»... Solís imprimió lo justo y necesario para que esas rejas de Méndez tuvieran la mejor interpretación posible. Fue la única de Javier. Y es sencillamente única. Aquí una versión en vivo de aquél su último año (y en el que la grabó), 1966:

video

La canción se incluye en «Y todavía te quiero», «Rancheras con Javier Solís», la película «Amor a ritmo de go-go», en el devedé de «40 Años» (que es de donde se tiene esta versión en vivo) y, recientemente, en «JS con banda sinaloense». Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Convocatoria: Escribe en la SOLISMANÍA

5 de junio de 2009

Tal cual: Aquellos con interés de escribir una (o más) nota (post, reseña, crónica, carta, noticia, etc.) para la SOLISMANÍA, sean pues bienvenidos desde ya. No sean tímidos, es cosa de escribir unas cuantas líneas, mandármelas por el correo electrónico, revisión de formato y acaso de estilo (por este su servidor), y publicación en esta bitácora, en este blog. Fácil. Lo único, claro está, es que Javier Solís sea el eje, motivo o meta de su texto. Así las cosas, repito: convocatoria abierta para escribir en la SOLISMANÍA.

Por aquí nos vemos y, así sea, leemos. ¡Qué va!

Cómo han pasado los años...

20 de mayo de 2009

Hace diez que tuve el honor de recibirle, conocerle, escucharle y, por si fuera poco, cantar con él y su mariachi. Cómo han pasado los años. Recién el pasado 10 de enero se cumplieron siete años de su repentino fallecimiento. Cómo pasan los años. Hoy, a saber por qué, le recuerdo a través de una particular canción: Cómo han pasado los años. Cómo pasan, Cutberto.

Cierto, Cutberto Pérez no es el compositor pero, ya lo verán, logró junto con su Mariachi 2000 una espléndida y original versión de este tema ya clásico de los compositores Rafael Ferro y Ramón R. de Sirio. Para ello, les cuento, tuvo de cómplices al dueto Carlos Cuevas y, mujerón total, Aída Cuevas. Así, en aquél concierto del '97 en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, la trompeta de Cutberto (una que, al fin músico y artista cabal, supo hacerse, en mero Nueva Orleans y Nueva York, de acertadas y bienvenidas bases jazzísticas) hizo la diferencia junto con la atinadísima intervención de Aída. Es decir, que si el público esperaba una interpretación más de aquél bolero en la voz de Carlos (y, si me permiten decir, seguramente así extrañar o de inmediato pensar en la versión de Rocío Durcal), grata sorpresa resultó escuchar semejante entrada del mariachi y, segundos después, la voz única de Aída. Redondeo total. Todo en su lugar. El bolero pasó a ser uno de la talla que acaso nuestro Solís hubiera sin duda interpretado tan así de bien arreglado, o sea, un perfecto bolero ranchero. Aquí de lo que hablo:



Díganme si no merece el paréntesis. Y sí, el énfasis de la nota recae en Cutberto, pues creo que su intervención marcó la pauta para lograr así una versión única y acaso irrepetible. ¿La mejor? Hasta ahora, sí, sin duda alguna. Mariachi y voces, música y canto, combinados cual anillo al dedo. Así de bien. ¡Qué va!

Brindis
Por Cutberto Pérez (1946-2002) y su legado

D.R. Mariachi2000CutbertoPerez.com

NB. Por si las dudas, y para que quede claro, Cutberto pudo desde Bach hasta los Beatles... cual vuelo de abejorro.

Y de pronto se canta la canción

17 de mayo de 2009

En una nota anterior (febrero 2008) colgué la parte de un video (es decir, una foto) donde aparece la imagen de Javier (junto al que parece ser el Piporro) en el sepelio de Pedro Infante, aquél miércoles 17 de abril de 1957. En los respectivos comentarios se acotó que había dudas sobre la veracidad ya no sólo de la imagen sino del momento en sí. Se dice que, por ejemplo, tales imágenes con Solís y demás gente del espectáculo no es posible dado el, precisamente, número de "luminarias" presentes; también, se dice que no era posible que Javier tuviera un lugar, digamos, preferente en aquella tan especial fecha, amén de que en la referida imagen se le ve con traje (terno) y no de charro —como se le conoce en la foto "oficial" incluída en inter alia el libro «Pedro Infante 50 años Inolvidable» (Ed. Televisa, 2007), del cual ya se ha hablado aquí (noviembre 2007) también.

Pues bien, aquí una mejor evidencia de que sí, Solís estuvo ahí en las "primeras filas" del sepelio de Infante y que estaba vestido de charro. Esto es, que para aquello de que "no es posible tal cantidad de luminarias", baste recordar que, caramba, el muerto era nada más y nada menos que Pedro Infante, ¿cómo no iba tener ahí congregados ante su tumba a la crema y nata del cine y música del momento (Solís, recordemos, era ya parte de la casa Columbia CBS)? Luego, de la vestimenta de Javier, en aquella foto tan sólo se le ve de negro y no se alcanza a distinguir si su traje es de charro o no. Como fuere, ya les digo, selectos lectores, hay una mejor muestra de que Javier estuvo ahí y que aquella anécdota de Solís cantando Grito prisionero es por demás factible, por no decir veraz. Antes, aquí la nueva liga al video aquél (sucede que quitaron el anterior), donde Solís sale a cuadro (en el minuto 6:27): click.

Decía de la evidencia, es una que gracias al aviso oportuno de Rodman (del Javier Solís Club2), podemos ver en la página güeb de Proyecto 40, en la sección InternetTV, en la parte de Leyenda Urbana, programa donde los días 18 y 25 de abril del 2009 se transmitió un especial de Pedro Infante. Es en el segundo programa donde se da paso a las imágenes del sepelio de Infante. El audio corre a cargo del presentador del programa, Alberto Barranco, y de la voz (en off) del narrador del video original (uno que parece ser fue hecho al cumplirse un aniversario de la muerte de Pedro), éste, pues, es distinto a aquél arriba referido, es todo en blanco y negro y tiene unas tomas más abiertas donde se permite ver a la multitud testigo del momento. Javier, lo dicho, fue parte de ello y sí que se le puede ver claramente en el video. En el programa en sí hacen pasar dos veces esa imagen parte de la crónica audiovisual donde Solís sale a cuadro. En la primera (aprox. minuto 15:15), su imagen coincide cuando se escucha la voz del narrador decir, atención, «Porque nunca se puede olvidar a quien siempre sabe estar presente»; luego, en la segunda ocasión (aprox. minuto 18:38) es la voz de Alberto Barranco la que se escucha decir, al tiempo que sale Solís a cuadro, «Y de pronto llegan los mariachis, y de pronto se canta la canción más querida (...)». Aquí las respectivas imágenes:


D.R. Proyecto 40

D.R. Proyecto 40

Helo ahí, con su traje de charro (versión camisa pachuqueña sin moño) y acaso pensando en liberar su aprisionado grito después de aquellas primeras dos canciones (cantadas por todos los presentes), Amorcito corazón (sí, como bien nos dice Alberto Barranco, «la canción más querida, la más sentida de Pedro Infante») y Mi cariñito.

Podemos, avezados lectores, hilar coincidencias y decir que aquél momento marcó la historia de Javier y su entonces porvenir. Solís supo estar presente y salir de entre la gente para, con acertada prontitud, cantar la querida canción. Y así fue, caray, inolvidable nuestro Javier por su perenne presencia y por haber cantado sentidamente (y mejor que nadie) las más queridas canciones. Porque nunca se puede olvidar.

Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Un par a la mexicana II: Daniel Gil

13 de mayo de 2009

Una vez pasado lista a Warhol y Chávez (ver acá), ahora nos toca —además de, claro está, mencionar a Solís— el trabajo de Daniel Gil. Es decir, que afortunada coincidencia ésta la de encontrar semejante arte visual en los trabajos musicales de gente como Javier Solís o Carlos Chávez. Quiero pensar que no es gratuito, que lo uno exige de lo otro. Así, esta vez estamos ante El Solís de Gil.

En una nota anterior colgué la portada aquella de Daniel Gil para el disco «Lara, Grever, Baena»; también, pueden ustedes ver (en la parte lateral y en el favicon) como parte del diseño de la bitácora, desde hace ya unas semanas, la otra portada (de dos) que Daniel Gil realizó para el trabajo musical de Javier. Me refiero a esta:

(cc) Daniel Gil
© Daniel Gil - artediez

Díganme si no es la mejor portada que un disco de Javier tiene en su haber; sin embargo, al parecer ninguna de las dos salieron al mercado como tales (he intentado obtener mayor información al respecto de este par de trabajos de Daniel Gil pero hasta ahora no he tenido suerte). Como fuere, lo importante es dejar claro que artistas como Daniel Gil y Andy Warhol aprovecharon esa veta del arte comercial con, subrayemos, atinadas participaciones, que entendieron no sólo su arte sino también el de otros. O sea, que así como le dijeron a Daniel Gil sobre sus portadas (que eran "demasiado cultas"), en los discos de Solís o Chávez —parafraseando al propio Gil— ello no les viene absolutamente nada mal sino todo lo contrario, amén de ser necesario y justo.

Ahora bien, valga acotar, lamentablemente los trabajos de Daniel Gil no tuvieron su debida acogida en el mundo de las casas disqueras: su biografía hace constar que Daniel finalmente terminó con un mal sabor de boca dada la liviandad de la gente involucrada en tal área. Lo dicho, no sabemos hasta qué punto Javier y su gente estuvieron directamente involucrados con el trabajo de Daniel Gil, sin duda es una lástima que de esa relación artística quedaran sólo estos dos trabajos aquí referidos. Sirva pues este espacio para distinguir la obra de Gil, una que fue marco perfecto para la voz de Solís.

Quedan pues estas portadas como recordatorio de que así como hay música de calidad, hay también artistas visuales que se ocupan de darle (y hacer) la única distinción posible: su propio trabajo de calidad.

Por aquí, y allá, nos vemos y leemos, ¡qué va!

Recuerdo a Solís en el Panteón Jardín

8 de mayo de 2009

Como lo prometieron, TotalProducciones1 cuelga en su canal de youtube la segunda parte de su crónica de aquél 43 aniversario luctuoso de Javier en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. Sea pues, aquí el vídeo:



Ya saben, si alguno de ustedes, selectos lectores, se reconoce en el vídeo, alce la mano y cuente más al respecto de ese día. Estamos al pendiente.

Actualización (13 de mayo):
Aquí la siguiente parte, cortesía de TotalProducciones1 en su canal de youtube. Seguimos al pendiente.



Por aquí nos vemos y leemos. ¡Qué va!

Lunes de quincena

4 de mayo de 2009

Así tal cual, a quince días del 43 aniversario luctuoso de Solís, encuentro hoy lunes que desde ayer domingo hay en la Internet material audiovisual que da cuenta del recuerdo de tan especial fecha, evento llevado a cabo en el Panteón Jardín de la Ciudad de México. Según los créditos del video, éste es producido por TotalProducciones1 y dirigido por Maira y Emiliano Bautista Neumann. Sea pues, aquí lo ligo y espero que, si es el caso, alguno de ustedes, selectos lectores, se reconozca de entre la gente a cuadro (y alcen la mano).



Yo nomás preguntaría quién es Juanito y cuál el nuevo club. Todo sea por estar al tanto de algo que, en palabras de Blanca Estela, puede traer sorpresas. Claro, amén de ello, estaremos atentos al resto de las partes de esta crónica audiovisual. Gracias, por supuesto, a sus autores.

Por aquí nos vemos y leemos, ¡qué va!

Las dimensiones de Javier (ecos del 43)

20 de abril de 2009

Precisamente, como ya suele ser costumbre, selectos lectores, éste recién cumplido aniversario luctuoso de Javier trae consigo —cortesía de la casa disquera y demás personas allegadas directamente al material audiovisual de nuestro más querido artista— un material discográfico. Uno más. Una recopilación de temas que ahora, ojo, no son clásicos, ni de colección, ni éxitos, sino e-sen-cia-les. Eso: «Lo escencial de Javier Solís [3 CDs + DVD]» (2009). Chúpale, pichón. Sin duda se rompieron la cabeza los de la disquera, pues llegar a ese nombre es casi tan difícil como lo que nos cuesta a los seguidores de Javier tener (ya) esos 80 temas. Todavía más, y para que no se quejen, ya les digo, la disquera tuvo a bien incluir videos, entrevista y pistas musicales. All in one. Bárbaros. 3 cedés 3, y un devedé: un regalo sin duda para los seguidores de Solís. Un, lo dicho, detallazo que nos pone, desde ya, a esperar el próximo aniversario y su algún otro material igual de novedoso, original y fresco. Entonces, éste que les digo está ya anunciado y puesto en circulación; en la página güeb de Mixup se reporta que su precio de lista será (sigue con ellos en estatus de preventa) de 259 MXN (unos, al tipo de cambio de hoy, 20 USD).

De lo anterior (que redacto ciertamente con ironía motivada por el escepticismo a este tipo de trabajos recopilatorios) me entero vía la nota periodística de hoy lunes de Alma Rosa Camacho, del grupo Organización Editorial Mexicana (OEM). En el reporte, además de ponernos al tanto de la ya tradicional reunión de admiradores en el Panteón Jardín de la Ciudad de México, Camacho nos dice, mutatis mutandis, que para este disco se desempolvaron 45 canciones con hasta ahora nula difusión, v.gr., Quinto patio, Poquita fe, Mar y Más allá; también, que los videos provienen de la videoteca de Televisa, y que la entrevista incluída es una narración-primicia de Solís de su vida artística y personal. De lo primero, espero sinceramente que el disco contribuya a la difusión de lo poco conocido de Javier: aunque, y aquí la duda, no me queda claro el cómo (¿relanzando al mercado tales canciones a la par de otras 35 ya "más difundidas/conocidas"?). De los videos, gracias ciertamente por, ciertamente, desempolvarlos y hacerlos públicos. De la entrevista, algo me dice que es aquella que se escucha, desde hace tiempo, en lugares como el youtube. Como fuere, prometido está, tan pronto como pueda tener el material, la reseña y opinión de esta novedad que , ojalá, resulté novedosa.

Luego, el día de ayer, la misma Alma Rosa se dio a la tarea de recordar a Javier Solís a través de una entrevista con la Sra. Blanca Estela Sáinz, última esposa de Gabriel Siria Levario. Además del lugar común del anecdotario, se nos cuenta que la pareja sentimental de Blanca Estela le solía firmar su comunicación personal con los seudónimos de "El Apache", "Sombras", "El Loco" ó "Javier". Ésto me resulta interesante por, entonces, la simbiosis que ocurría en la persona de Siria Levario: fue tal la fuerza del artista, de la figura pública, que inclusive en esos momentos personalísimos, el cantante (o, incluso se puede decir, el mito) se sobreponía. Interesante sin duda. La entrevista no abunda al respecto y continúa con las anécdotas, tema culinario incluído, de la pareja. También, se recurre al tema ya clásico del presentimiento de muerte prematura y el cómo, por ello, se encargó la composición de temas tales como Si Dios me quita la vida (a Luis Demetrio) y Me soñé muerto (a Armando Manzanero). Temas especiales parecen ser también Cuando el amor, Entrega total y un inédito Ahora y siempre (éxito con el trío Los Tecolines), toda vez que eran los que Javier le solía cantar a Blanca. Y hasta ahí lo más sustantivo de la entrevista.

Por otro lado, el sábado 18 la agencia Notimex recordó también a Javier con una nota-resumen de su carrera artística, donde sobresale la mención de dos puntos: (i) una participación de Solís en el histórico programa colombiano «Yo y tú» de Alicia del Carpio y (ii) un tema de Lucho García dedicado a Javier intitulado El inmortal. Esa mi gente de Colombia, ¡ahora es cuando!

Así las cosas en los tradicionales medios. Es decir, que ahora, gracias a la atinada referencia del carísimo selecto lector Heber Galicia, pongo a su disposición un par de homenajes a Javier que, además de estar acorde con estos tecnológicos tiempos, son hechos sin duda con, tal cual, lo esencial y de mayor valía: dedicación, esfuerzo y cariño. El autor es Gabriel Rico, quien desde su cueva (La cueva de Gabo3D) nos brinda un Javier Solís a todo color y, ¡qué va! en 3D:

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... y mi favorita:

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Aplausos, Gabo3d, literalmente supiste darle otra dimensión al recuerdo de Javier. ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega última de tres)

19 de abril de 2009

Llegamos al final de este recorrido. Hoy hace 43 años Javier Solís cesó de cantar de viva voz, dejando entonces toda una herencia musical que no para de dar frutos varios. Uno de ellos fue, en concreto, la producción que ahora proponemos como una tercer manera de conmemorar este aniversario luctuoso. Cierra esta serie el llamado "lujo de México", Marco Antonio Muñiz (Jalisco, México, 1933) y aquella su producción, a sus 60 años, «Un marco para dos ídolos: Pedro Infante y Javier Solís» (1993).

Aquí, acotemos de inmediato, no hay falla alguna en dirección o arreglos musicales: Ruben Fuentes y Pedro Rivera Toledo llevan las riendas con garantía y el respaldo de su trayectoria profesional, logrando así un impecable trabajo. Marco Antonio se desenvuelve entonces en sus terrenos y a sus anchas, sin mariachi de por medio y con una orquesta que le sigue y acompaña sin pero alguno. El piano, valga decir, es simplemente delicioso a lo largo de todo el disco. O sea, que así seas una leyenda viva, reinterpretar a ese par de monstruos de la música requiere, ya puestos a jugar con las palabras, un marco digno para el marco de esos nuestro queridos ídolos (cuantimás si se les quiere recordar a la par).

Ahora bien, antes de seguir y tomando ese asunto del recuerdo conjunto, me aprovecho de aquello que dije anteriormente (cuando anuncié la búsqueda de este material en julio 2007): «se puede pensar inclusive que tal disco-homenaje incluyó a Pedro para, como se dice, destantear y no hacer tan obvio el merecido tributo a Javier y así saldar deudas pendientes, pues Solís, sus interpretaciones, quedan más cerca del estilo musical de Marco, y no así las canciones de Pedro». Como fuere, Marco Antonio es si no un ídolo, sí una leyenda del romanticismo musical y la bohemia; se guste o no de su estilo, su voz tiene un lugar único y por ello ha podido navegar en varias aguas, por bastante tiempo, aplaudido y querido por la gente, tanto en su tierra natal como allende las fronteras. También, debe reconocerse, en sus trabajos hay siempre un esmero por ofrecer arreglos musicales de valiosa manufactura: este disco, lo dicho, no es la excepción. No obstante, se tiene que reconocer, Muñiz en tales fechas de grabación está ya en el otoño de su carrera y ello es factor de peso en las interpretaciones de los clásicos contenidos en este material referido. Entremos ya en materia.

Seis temas (de 15) son los que le tocan a Javier —es decir, que Infante, al menos en número, se impone con un tema más (no, avezados lectores, no es que me fallen las cuentas, resulta que dos canciones ni Pedro ni Javier las cantaron en su momento: Enamorado perdido y el pasillo ecuatoriano Sombras de Rosario Sansores Pren y CarlosBrito Benavides)— en este, según la contraportada del disco, “recuerdo”: Sombras (exacto, las de Contursi y Lomuto), Cenizas, La corriente, Llorarás, Esclavo y amo y Ojitos traidores. Aquí valga un paréntesis para recordarles, selectos lectores, que Muñiz cantó en su momento con Javier Solís, al menos en algunos mano a mano y, en particular, en esa película «El Pecador» (1964) en una escena donde interpretan, sin hacer dueto, Poco a poco (de José Alfredo), cada uno con su particular acompañamiento (ya les digo, sin hacer precisamente un dueto).

Con un inesperado pero intuitivo popurrí de Sombras, Marco Antonio inicia su recuerdo de Solís; peca de estilo y, como decimos en México, le termina echando mucha crema a sus tacos y no resuelve bien aquella primera incursión. Es decir, que toma más bien el perfil tanguero (el original de la canción, sí, pero no por ello mejor ni mucho menos el deseado en este disco) de las Sombras “javieristas” y uno termina por aplaudir y pedir más de aquellas Sombras “ecuatorianas”. Viene entonces otro popurrí, correspondiente ahora a Pedro, y se llega a una cadenciosa y bien llevada Cenizas. Fuera de una faltante dosis de mayor sentimiento, con ella no hay inconvenientes. Otro popurrí más para Pedro y ahora, a la mitad del disco, navega uno ya en La corriente. Una vez más el arreglo musical corresponde del todo al espíritu Solís; poco a poco esa corriente nos arrastra pero sin ahogarnos, al contrario, gozamos del aire de la voz cantante y de unos muy bienvenidos coros. Éstos también se escuchan en la subsecuente Llorarás, sin embargo, aquí no tienen adecuado lugar y contribuyen así a una versión sin los requeridos acentos y matices (evidentes sobre todo en ese aburrido final). Más coros (ya de estilo orquesta-para-toda-ocasión) en la siguiente canción, y entonces los metales soplan para recibir un Esclavo y amo que, a saber por qué, es llevado, literalmente, cual toro en plaza. Es decir, que a menos que se tome como introducción para la parte final correspondiente a Javier, i.e., Ojitos traidores, no me queda claro el por qué Marco Antonio pretende cobijar a ese emblemático Esclavo y amo con un, digamos, capote taurino españolado. No ha lugar. Cerramos entonces con una versión de Ojitos traidores que, esa sí, guarda gitana distancia con la de Solís aunque finalmente no logra realmente sonar genuinamente a Marco Antonio: se queda a la mitad. Muñiz no alcanza a empatar la festividad de la música y su voz resulta opacada (bien le viene así ese descanso y broche final del suave Nocturnal), la serrana se le escapa.

En síntesis, Muñiz dejó pasar valiosos años para ponerle un mejor marco a Infante y Solís; eso sí, aquél sale mejor librado que éste. Afortunados los admiradores de Pedro pues de ellos es la mejor parte de este homenaje: los seguidores de Javier nos quedamos con las ganas de escuchar a ese Marco Antonio que, precisamente con genuino esfuerzo y total entrega, abría aquella arriba mencionada escena de película, sentado al piano, con una voz totalmente en comunión con Solís pero sin perder su propio estilo (y armonía con el piano). Éso es lo que se extraña aquí en este disco... y en otros que buscan recordar a Javier sin verdaderamente conocerle. Marco Antonio, se sabe, conoció muy bien el trabajo de Solís: le faltó entonces un mejor reconocimiento.

Sea pues, esto fue nuestra manera de conmemorar a Javier. Sí, con voces de tres artistas que intentaron cantar aquello que por Solís tan especialmente se escuchó. No lo hicieron mal, qué va, ejemplos hay donde apenas y logran, literalmente, dar la nota (por cierto, el señor Montero ya amenazó con otro disco basado en temas del repertorio de Javier), pero tampoco nos ofrecieron, como se esperaba dada la trayectoria de cada uno, cabales y redondas reinterpretaciones (adaptaciones) hechas con sus particulares voces y estilo. De una escala del 1 al 10 los tres discos promedian un generoso 8 (ayudados sobre todo y más bien por esos arreglos musicales de este último disco). Se puede decir justamente que estamos siendo muy exigentes, pero no es para menos: año tras año a Javier se le extraña más y lo mínimo que se puede hacer para compensar ello es tener, además de su música, producciones que, utilizando aquella, respeten no sólo al artista sino también al público. Eso es finalmente la buena música. Eso finalmente hizo y nos dejó Javier. Eso, en un día como hoy, es exigido. Todo ello, en resumen, a 43 años, cual solaz se hace patente.

Javier Solís: ¡Qué va!

Tres para un 43 (entrega segunda)

18 de abril de 2009

Continuamos con esta nuestra particular conmemoración del 43 aniversario luctuoso con un segundo disco en el que ahora todo él está inspirado por el recuerdo de Javier. Vamos hacia atrás en el tiempo y llegamos a un particular disco de una intérprete, esto es coincidencia, contemporánea de Amanda y, también como ella (aunque sin adoptar la nacionalidad), con una carrera artística desarrollada principalmente en México. Toca el turno pues a, lo dijo Armando Manzanero, "la mujer que nació para cantar", Manoella Torres (Nueva York, 1954) y su «De la tierra... Javier Solís, al cielo» (2002).

La carrera artística de Manoella tiene acaso paralelismos con los de Javier: cuidada más bien por su abuela (y no por los padres), echada a andar profesionalmente con la ayuda de uno de Los Panchos (Alfredo Gil), prolífica en sus grabaciones, requerida como actriz y, en su verdadero oficio, intérprete de una pléyade de compositores. Así, con una trayectoria afianzada sobre todo en la segunda mitad de los 70s y primera de los 80s, la mujer que nació para cantar graba este material ya en plena madurez. Con el antecedente de, por un lado, sus grandes y merecidos éxitos con baladas como Acaríciame o A la que vive contigo y su cabal entendimiento del bolero (desde niña es ya una fanática de los boleros), y, por otro lado, sus grabaciones con mariachi, las expectativas son altas.

Abre entonces sus 14 interpretaciones con un Esclavo y amo, y así de ese calibre javierista es toda la selección, es decir, Manoella tiró alto; despliega su arsenal pero éste se ve limitado por un acompañamiento musical que, en general, no cumple con la tarea. Así, son sólo algunos temas donde la voz de Manoella tiene el marco musical adecuado. En este sentido, más hubiera valido prescindir del mariachi y hacerlo todo de un modo, se me ocurre, más bien basado en, por ejemplo, guitarra y piano. Claro, ello quizá hubiera dejado fuera a algunos temas y requerido otros: pero al menos así se hubiera asegurado que el disco quedara a la altura de las circunstancias, y es que, ya se ve, el repertorio de Solís no es cualquier cosa: tiene su arte. Ahora bien, también debe reconocerse que por momentos es la propia Manoella quien se contiene, faltándole esa fuerza y bravura que, en estos tiempos, otras intérpretes creen tener y lo sacan a la menor provocación (o bien, por pura pretensión y pose). Con todo, la voz de Torres sigue siendo de buen calibre.

Tomemos pues aquellos particulares temas donde efectivamente tierra y cielo parecen ser dos en uno; donde Manoella logra que su particular estilo vaya y venga de la mano de la música y letra, y nosotros, dicho sea, terminamos rendidos a ella como otrora en sus más sensuales años. Es decir, que obviaremos a ese, literalmente, primerizo Esclavo y amo, un muy plano Y, el intento de Si Dios me quita la vida (a pesar de los destellos de una guitarra), y un fingido (palmeo incluído) Adelante. Sobresalen así En mi viejo San Juan, donde la sentida (y esperada) interpretación de la boricua Manoella fue acaso respaldada por una posible nostalgia (no así por, insisto, el arreglo musical); la sencilla pero suficiente He sabido que te amaba; una muy acertada Me recordarás; la original Moliendo café, mi favorita sin duda por sobre todo ese, paradójicamente, acompañamiento musical que, ahora sí, reviste y le da una nueva cara a este clásico javierista-caribeño dotándolo de un perfil lounge; un acertado y a la medida Échame a mí la culpa (con todo y su insípido final); la apenas justa Una limosna; el ¡Qué va! rescatado en sus últimos segundos; un Sombras donde la voz es protagonista sin duda y el carisma de Torres sobresale claramente; las Cenizas y su lograda atmosfera intimista; y, finalmente, el Se te olvida, que si bien no fue broche de oro, sí uno de bronce.

Entonces, si bien parece ser que diez de 14 es un buen síntoma para una calificación positiva y alentadora, el resultado y balance final no corresponde del todo a la parte cuantitativa. La calidad del disco se restringe a un bronce, es decir, que de hecho esos 10 mejores temas no guardan entre ellos una homogeneidad y hacen extrañar a aquél sonido que Manoella nos supiera regalar en el pasado y, por supuesto, a aquello que Javier cultivó y legó. No hay del todo innovación y frescura. Si, así las cosas, se tuviera a lo largo de todo el disco aquella propuesta musical de Moliendo café, la carga pasional de Sombras y el aire logrado en Cenizas, entonces sí lo de Manoella hubiera sido un camino recto que no nos motivara a salirnos de él y estar con ella de principio a fin en este su encuentro con Solís.

Queda pues este disco como una producción a la que le hizo falta una mejor dirección artística. Sin duda alguna Manoella entiende lo que Javier es e implica en el tipo de música que ella interpreta, no debe ser entonces difícil que nos brinde mejores faenas, sin embargo, lo dicho, Solís exige, y hacer ese recorrido de la tierra al cielo es algo que requiere algo más que bonita voz, ganas y buenas intenciones. A un año más del aniversario luctuoso y en espera de, seguramente, todavía más discos recordando a Javier, ojalá que voces, ganas e intenciones, correspondan de mucho mejor manera a lo verdaderamente valioso y esperado: cantar con propia voz y estilo lo que por voz de Javier bellamente surgió. Ni más, ni menos.

Por aquí nos vemos y leemos. Mañana la tercera y última entrega. ¡Qué va!